Vivir en República Checa

Emigrar a la República Checa

Tu Vida Sin Fronteras emigrando a la República Checa

Era el año 2013. Había logrado establecerme en los Estados Unidos ganándome la vida como traductor en línea. Fue entonces cuando tomé un tour a Grecia organizado por la asociación budista a la que pertenecía y, al terminar el viaje, decidí aprovechar para visitar algunas ciudades europeas que todavía no conocía.

Cabe mencionar que diez años antes había vivido en Francia como estudiante de intercambio, así que ya conocía un poco el viejo continente. Pero nada me preparó para lo que sentiría al llegar a Praga, República Checa.

En verdad, jamás había visto tanta belleza en toda mi vida.

Quizás solo Venecia me había impresionado de una manera similar. Pero había una gran diferencia: Venecia es como un museo al aire libre, hermoso para visitar, aunque difícil para vivir. Praga, en cambio, ofrecía algo distinto: una calidad de vida increíblemente alta, arquitectura fascinante y precios sorprendentemente accesibles.

Me enamoré tanto de la ciudad que decidí investigar cómo emigrar a República Checa y vivir allí legalmente.

Y lo que descubrí me dejó impresionado.

El Puente de Carlos en Praga

Tu Vida Sin Fronteras emigrando a Praga

La República Checa no usa el euro, sino la corona checa, lo que hacía que los precios fueran muchísimo más bajos que en otros países de Europa occidental. En aquella época, una pinta de cerveza checa —considerada una de las mejores del mundo— costaba alrededor de un dólar.

Y yo amaba la cerveza.

Había festivales, bares tradicionales y una cultura cervecera impresionante. Pero no solo la cerveza era barata. Comer en restaurantes, probar platillos típicos checos y salir constantemente seguía siendo económico incluso viviendo con un presupuesto moderado.

¿Una ciudad de cuento de hadas con algunos de los precios más bajos de Europa?

Parecía demasiado bueno para ser verdad.

No quería tomar una decisión apresurada, así que decidí quedarme durante el verano completo, los tres meses permitidos para mexicanos dentro del espacio Schengen, para conocer realmente cómo era la vida allí.

De hecho, recomiendo mucho esto a cualquier persona que quiera emigrar al extranjero: pasar primero una temporada larga en el país antes de iniciar cualquier trámite migratorio.

Fue uno de los mejores veranos de mi vida.

Todos los días caminaba por Praga y poco a poco terminé conociendo gran parte de la ciudad. Su historia es impresionante. Durante siglos fue una de las ciudades más importantes de Europa y, aun así, sigue siendo uno de los lugares más infravalorados del continente.

Era como el secreto mejor guardado de Europa.

Y pensé: “mejor para mí”.

Con el tiempo decidí que definitivamente quería mudarme a Praga. Y al investigar más sobre el tema descubrí algo muy interesante: la República Checa era uno de los países de Europa con más facilidades migratorias para extranjeros.

Así que hice todos mis trámites y, para la primavera siguiente, ya me encontraba viviendo legalmente en República Checa.

Por supuesto, el centro histórico de Praga —Praga 1— es extremadamente turístico y suele estar lleno de gente. Pero logré encontrar un apartamento muy económico en Praga 2, una zona tranquila, elegante y llena de edificios históricos perfectamente conservados.

Muchos de ellos eran estilo Art Nouveau, mi favorito.

Había parques hermosos por todas partes y una tranquilidad difícil de encontrar en otras grandes ciudades europeas.

La ciudad está tan bien preservada que continuamente se filman películas y series históricas allí. De hecho, un día estaban grabando una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial justo en mi calle.

Vivir en Praga estuvo lleno de sorpresas.

Praga también resultó ser un lugar excelente para conocer personas internacionales.

Muchas empresas extranjeras trasladaron operaciones a República Checa debido a los costos laborales más bajos, lo cual creó una comunidad muy grande de trabajadores internacionales y expatriados.

Así conocí amigos de todas partes del mundo.

Hacíamos días de campo en el jardín del edificio donde vivía y reuniones en parques públicos donde era completamente normal llevar vino, cerveza o incluso pequeños asadores para cocinar carne.

La calidad de vida era extraordinaria.

La vida en Praga

Haciendo amigos en Praga con Tu Vida Sin Fronteras.

Praga parecía literalmente una ciudad de cuento de hadas: una mezcla fascinante de arquitectura gótica y barroca. Las torres puntiagudas, las iglesias medievales y la impresionante Catedral de San Vito —una de las catedrales góticas más grandes y hermosas del mundo— le daban una atmósfera casi irreal.

Además, Praga conserva una de las mayores cantidades de edificios barrocos del planeta.

No es casualidad que películas como Amadeus, dirigida por el cineasta checo Miloš Forman, fueran filmadas allí.

Mi actividad favorita era caminar por el Castillo de Praga, que probablemente visité más de veinte veces. Durante temporada baja la entrada a ciertas áreas era gratuita, así que podía pasar horas recorriendo sus jardines y contemplando la majestuosidad de la Catedral de San Vito.

Aquellos fueron probablemente los mejores dos años de mi vida.

Pero la vida eventualmente me llevó por otros caminos.

Antes de irme de Praga, caminé una última noche junto al río Moldava admirando la ciudad iluminada. Todo parecía diseñado con una belleza sublime: los edificios históricos, la mezcla entre lo gótico y lo barroco, las colinas y el Castillo de Praga dominando el paisaje desde lo alto.

Antes de despedirme lloré.

Y juré que volvería.

Y así lo he hecho, y seguiré haciéndolo siempre.

Experiencias como esta son parte de la inspiración detrás de Tu Vida Sin Fronteras, donde hoy ayudo a otras personas que sueñan con emigrar a Europa, vivir en el extranjero y crear una mejor calidad de vida en otro país.

Arcturus

Founder of Vital Energy Cultivation Arts™ (V.E.C.A.™)

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