Acerca de Mí

Mentor para Vivir en el Extranjero

Bienvenido a Tu Vida Sin Fronteras. Mi nombre es Arturo y soy originario de México.

Mi historia como migrante comenzó cuando desde niños mis padres me inculcaron la necesidad de aprender el idioma inglés, pues decían que este idioma me abriría puertas. (No te preocupes, no estoy intentando venderte cursos de inglés, y tampoco es necesario que lo aprendas para emigrar, aunque sí es muy recomendado).

Fue en la adolescencia cuando mis padres me enviaron a un internado en Canadá que fue donde aprendí a hablar el inglés fluido.

En Canadá no solo aprendí el idioma, sino cómo era el estilo de vida, el clima, etc.

La verdad es que tuve experiencias buenas y experiencias malas. Canadá no resultó el país ideal para mí (aunque para ti podría serlo) —lo cual también es una realidad que hay que aceptar en la búsqueda de países a donde emigrar— pero al menos, me ayudó a fantasear en lo que quería y lo que no quería en “mi país de ensueño” que habitaba en mi mente.

Lo que era cierto es que México tampoco era mi país ideal por muchas razones:

1. Se supone que México tiene 6 niveles socioeconómicos. Por lo tanto, hay muchas divisiones sociales y contrastes extremos que se experimentan diariamente. Esto obliga a muchos a vivir en una burbuja social que resulta muy limitante. Esto se volvió más evidente cuando me fui de intercambio a Francia y descubrí que en Europa todos eran básicamente iguales socialmente hablando; en todos lados era fácil encontrar a gente con una mentalidad, valores, y educación similares. Esto me dio una sensación de libertad.

2. Al graduarme de una de las mejores universidades de América Latina, y hablando tres idiomas: español, inglés, y francés, mis posibilidades de empleo en México eran una broma cruel. Fue por eso que empecé a planear emigrar a los Estados Unidos.

Por medio de trabajo o estudios esto no fue posible, y tuve que renunciar a la idea y, al verme atorado en México, empecé a sufrir depresión.

Esa depresión me llevó a buscar la espiritualidad, y por medio de una asociación budista, me enviaron a abrir un centro de meditación en San Diego, California.

—Sé que esto suena muy pro, pero en realidad fue algo precario: vivía en la casa de una familia budista y su sala era el centro de meditación.—

De cualquier forma, logré vivir en EE.UU. legalmente —por medio de unos truquitos— durante dos años. Tuve muchas aventuras, muchas experiencias, me divertí, hice cosas que no podía hacer en México, pero también experimenté el lado oscuro de los EE.UU. el por qué está lejos de ser el país perfecto y no es como lo pintan.

Lo mejor de haber vivido allí, sin embargo, fue que me ví en la necesidad de conseguir trabajo como autónomo en línea, y eso me abrió las puertas para volverme un nómada digital: me volví traductor/intérprete.

Además, sobreviví 8 meses en Los Ángeles, California, la verdadera jungla de concreto. Esto fue demasiado importante, porque después descubrí que si puedes establecerte en esa ciudad desde cero, puedes establecerte en cualquier ciudad del mundo. Es como tener un doctorado en inmigración.

Fue entonces que hice un viaje por Europa, continente donde había vivido 10 años antes, y me enamoré de la ciudad de Praga, y dije: “aquí quiero vivir”.

Así que primero me quedé un verano, hice mis investigaciones de inmigración —resultó que es uno de los países más sencillos a donde emigrar—, me la pasé muy bien, y volví en unos cuantos meses para hacer mis trámites migratorios.

En Praga pasé quizás los mejores 2 años de mi vida: los precios eran muy accesibles —ya no tanto después de la pandemia, como ha sucedido en todos lados, pero aún así está bien—. Me encantaba la arquitectura, la belleza de la ciudad, que estuviese llena de parques, ríos, lagos, castillos, palacios, lugares de interés, la mejor cerveza del mundo, instalaciones deportivas, etc.

Difícilmente pude hacer amigos checos, pero las habilidades que aprendí en EE.UU. me ayudaron para encontrar grupos de gente foránea con la que hice muchas amistades y actividades. Viajé por toda Europa, me divertí, pero algo me faltó en esos dos años: no encontraba amor. En parte por ciertas incompatibilidades en esa área con la cultura local, en parte por ciertos aspectos internos que debía trascender, y al final terminé mudándome a Puerto Vallarta, México, otro destino muy interesante para nómadas digitales donde viví durante 7 años.

En esta ciudad encontré el amor en varias ocasiones (Puerto Vallarta es un vórtice. Aquí se vivió la historia de amor entre Elizabeth Taylor y Richard Burton). Yo también conocí a una chica Española y nos hicimos novios.

Pronto la situación política en México se empezó a deteriorar, la violencia aumentó, y decidimos mudarnos a España donde me casé y ahora tenemos a nuestro bebé.

España tampoco es un país perfecto, y en mi blog explicaré por qué, pero ofrecía muchas cosas buenas, como que es un muy buen lugar para formar una familia, ya que nunca tendremos que preocuparnos por la violencia y nuestros hijos podrán jugar libremente en las calles.

A los pocos días antes de que naciera nuestro hijo la ciudad de Puerto Vallarta ardió en llamas por que un cartel del narcotráfico incendió varios vehículos y negocios en represalia por la captura de un capo. Fue noticia internacional, recordándonos que habíamos tomado la decisión correcta en emigrar a España.

Esta es mi historia, y con ella quiero decirte que no existen países perfectos, pero lo que estoy seguro es que existe siempre un país adecuado para las circunstancias en que te encuentres o lo que busques en determinado momento de tu vida.

Es así como nació Tu Vida Sin Fronteras, un proyecto en el que estaré ayudándote a emigrar a otros países de una forma directa, amistosa, humana, como si fuese tu amigo que se preocupa por ti, y al que puedes escribirle cuando quieras.

Mi oferta es bastante asequible, sin trucos, ni complicaciones, ni sorpresas. Si quieres saber en qué consiste: Haz clic en el botón a continuación.

Nos vemos pronto,

Tu amigo Arturo.